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Los deseos e instintos básicos en la relación con los demás

Los Deseos e Instintos Básicos en la Relación con los Demás

(Necesitades de la Base la Pirámide)

Las necesidades del cuerpo son varias. No todas tienen que ver con funciones vitales.

Las personas tenemos un lado animal, un lado salvaje, que se comporta de acuerdo a instintos y no racionalmente.

Cuándo no los tenemos identificados podemos, fácilmente, caer presa de sus caprichos y vaivenes; y volvernos destructivos para con nosotros mismos y los demás.

Por ejemplo, es muy fácil confundir el placer con la felicidad, porque la sensación de bienestar en el cuerpo es muy parecida, pero eso puede causar que tomemos decisiones erróneas que son críticas para la autorrealización en nuestra vida.

Tenemos que pasar algún tiempo en silencio para aprender a distinguir las emociones de los deseos animales. No es nada del otro mundo, pero es muy sencillo confundir, por ejemplo, amor y deseo, porque ambos presentan un nivel de atracción muy alto.

Entonces, puede ser que escojamos parejas inapropiadas o destruyamos los sentimientos de otros al relacionarnos en reacción a esta confusión.

La pasión es genial, pero si no incluye  la consideración y el enfoque de colaboración necesaria para preservar las relaciones, la expresión de falta de compromiso y desconsideración se vuelven parte del menú.

Evidentemente, tener un código de valores claros y equilibrados para regular nuestras acciones es básico, pues sin esto el animal será quien
gobierne nuestra vida. (Encuentre el código de valores que yo propongo en mi libro “ASERTIVIDAD”).

Cuando nos comportamos despreocupadamente al respecto de autoadministrar a este animal interior, experimentamos relaciones fallidas y deseos insaciables que, poco a poco, se convierten en vicios que, a su vez, nos complican la vida más que hacérnosla placentera.

No sólo el deseo sexual nos complica la existencia. Otro rasgo animal del que padecemos frecuentemente es el de territorialidad y el deseo de dominar o ser dominados según nuestra fuerza.

Cuando el deseo de dominar un territorio y personas se apodera de nosotros:

  • Somos muy desconsiderados y egoístas.
  • Deseamos ser servidos nada más y servirnos de los demás sin aportar igual valor de vuelta.
  • Queremos hacer todo a nuestro modo; aún si no tenemos derecho a imponer, intentamos hacerlo.
  • Este es un mal uso de la fuerza de voluntad y es fácil confundir “mandar” con “liderar”, que es la forma constructiva de usar esta fuerza. (Más información al respecto en mi libro “¡NO CONTROLE, INFLUYA!).

A veces creemos que someter a otros nos dará la libertad: es falso. Nos vuelve esclavos del animal en nosotros mismos.

Nadie quiere ser esclavo de otros y, por lo mismo, un individuo dominado por su lado animal se vuelve indeseable para todos.

En mi opinión, más que un asunto de moralidad, es un asunto de inteligencia, porque autodestruirse o destruir a los demás que podrían ser nuestros aliados no parece la forma más inteligente de vivir.

En todo caso, para poder tener opciones, el primer paso es que seamos conscientes de lo que sentimos y seamos capaces de discernir de qué se trata realmente.

Siempre hay explicaciones de todo en nuestra cabeza, pero no siempre lo que desatamos en forma de emoción justifica tomar acción, o es real y verdadera “la historia que nos contamos” o tienen sentido nuestros argumentos ya después de someterlos al escrutinio racional.

Practicar la autobservación y reflexionar cuidadosamente sobre los efectos que se desatarán en conexión a esas decisiones de acción u omisión de la misma, es crucial para llevar nuestra vida a la paz y la armonía y, definitivamente, al animal hay que tenerlo de aliado, no de jefe.

Silvia Larrave
Del libro “Ecuanimidad, en busca de
la liberación del sufrimiento”
info@slarrave.com

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