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La intención para dar sentido a nuestras acciones

La intención para dar sentido a nuestras acciones.

Escuchar las acciones implícitas en el acto de hablar no es suficiente para asegurar un escuchar efectivo. ¿Qué falta? ¿Qué más incluye el escuchar?

Apertura: la postura fundamental del escuchar.

Hasta ahora hemos examinado lo que para nosotros son los componentes fundamentales del fenómeno de escuchar. Decimos que éstos son los procesos básicos que tienen lugar cuando ocurre el escuchar. Hay, sin embargo, una cuestión que aún no hemos mencionado: ¿qué se necesita para que el escuchar ocurra?
Humberto Maturana, un biólogo y epistemólogo chileno, expresa este mismo punto de vista cuando sostiene que “La aceptación del otro, como un legítimo otro, el escuchar estará siempre limitado y se obstruirá la comunicación entre los seres humanos. Cada vez que rechazamos a otro, sea un socio, un cliente, un empleado, un competidor, un país etcétera, restringimos nuestra capacidad de escuchar.

Producimos la fantasía de escuchar al otro mientras nos estamos, básicamente, escuchando a nosotros mismos. Al hacer esto, nos cerramos a las posibilidades que los demás están generando.”

¿Qué circunstancias afectan esta apertura, considerada como un requisito fundamental para escuchar?

Cada vez que ponemos en duda la legitimidad del otro; cada vez que nos planteamos como superiores al otro sobre la base de la religión, sexo, raza, (o cualquier otro factor que podamos utilizar para justificar posiciones de egocentrismo, de etnocentrismo, de chauvinismo, etcétera); cada vez que sostenemos tener un acceso privilegiado a la “Verdad y a la Justicia”.

Cada vez que presumimos que nuestra particular manera de ser es la mejor; cada vez que nos olvidamos que somos sólo un particular observador, dentro de un haz de infinitas posibilidades de observación; cada una de estas veces, nuestro escuchar se resiente.

Uno de los grandes méritos de las prácticas democráticas reside en el hecho de que se fundan en el principio
de la diferencia, la legitimidad y la autonomía del otro, sin importar cómo éste sea. Esto hace que una de las claves del éxito político sea la capacidad de escuchar de manera efectiva.

Asimismo, las prácticas propias de mercados abiertos y competitivos, más allá de sus limitaciones, también colocan a la competencia del escuchar efectivo como condición del éxito.

Un escuchar efectivo

Es posible que al mirar el fenómeno del escuchar lo primero que usted haya sentido sea una cierta sorpresa.

El siguiente paso es empezar a observar el fenómeno del escuchar, con nuevos ojos: “con los ojos del aprendiz”.

Empezar a mirar a los “escuchadores” que tenemos a nuestro alrededor, preguntándonos:

  • ¿Quién es más efectivo escuchando en mi equipo de trabajo?
  • ¿Quién es menos efectivo escuchando?
  • ¿Cómo me doy cuenta de su mayor o menor nivel de efectividad?
  • ¿Cuáles son las consecuencias de no saber escuchar con efectividad?
  • ¿Qué acciones concretas realizan los que, según observo, saben escuchar?

Luego, mirar al escuchador particular que usted mismo es, preguntándose:

  • ¿Qué me pasa cuando intento escuchar a alguien?
  • ¿Cómo están mis emociones en ese momento?
  • ¿Qué postura adopta mi cuerpo en ese momento?
  • ¿Cuáles son mis conversaciones privadas mientras trato de escuchar?
  • ¿Me pasa el escuchar de manera diferente con diferentes personas?
  • ¿Con cuáles personas me pasa diferente?
  • ¿En qué situaciones me ocurren cosas distintas en relación con el escuchar?

Mirando todo esto, usted puede decir: el observador que soy hoy tiene esta competencia para escuchar y no otra.

Este tipo de escuchador que soy, hoy, es producto, entre otras cosas, de mi aprendizaje, por lo tanto puedo modificarlo a través de la educación.

Tres herramientas del escuchar efectivo

A continuación vamos a trabajar tres repertorios conversacionales que tenemos disponibles para aprenderlos y con ello, mejorar nuestra capacidad para escuchar con efectividad.

1. Verificar escucha:

Consiste en hacer un alto en la conversación, dar tiempo y espacio, para que ambos partes se pregunten mutuamente por lo que están escuchando del otro.

Si soy el hablador, puedo preguntar: “A ver, por favor, dime ¿qué has escuchado hasta ahora de lo que te he dicho?” o “Quisiera saber ¿qué te
pasa cuando escuchas lo que te digo?”

Si soy el escuchador, puedo decir: “Déjame decirte lo que yo escucho para ver si estamos de acuerdo…” o “Dame un minuto para verificar contigo si estoy escuchando bien lo que me planteas….”

Muchas veces, con la velocidad que debemos realizar a nuestras conversaciones, no nos damos el tiempo que este “chequeo de escuchas”, pensamos que es perder el tiempo.

Sin embargo, vale la pena preguntarse ¿Cuánto tiempo perdemos por no escuchar adecuadamente? ¿Cuánto desperdicio y trabajo adicional generamos por no invertir tiempo en escuchar mejor? En la próxima edición les compartiré otra serie de preguntas que le pueden ayudar
a escuchar mejor.

Alejandro Larrave
alarrave@motoresymas.com

“La mayoría de las personas no escucha con la intención de entender al otro, sino que lo hace con la intención de contestar.”
Stephen R. Covey (1932 – 2012) Educador, autor, conferencista y prominente hombre de negocios estadounidense.

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