95 Junio
2016

LA GENEROSIDAD

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El hombre crece al desarrollar en él las diversas virtudes humanas. Una de las más importantes es la generosidad. La definición más corta es la siguiente: dar y darse sin esperar nada a cambio.

 

La generosidad es pensar y actuar hacia los demás, hacia fuera, no hacia dentro.

 

Quien es generoso actúa en favor de otras personas desinteresadamente y con alegría, teniendo en cuenta la utilidad y la necesidad de la aportación para esas personas, aunque le cueste un esfuerzo.

 

En el trabajo, al crearse relaciones interpersonales, debido a los núcleos de tareas, es importante vivir esta virtud porque facilitará que las cosas caminen mucho mejor.

 

La generosidad implica dar sin esperar nada a cambio, entregar parte de tu vida, volcándose hacia los demás, ayudando a los que lo necesitan, dando consuelo a los que sufren. Se trata de una virtud que no ha pasado de moda. Formará parte de la categoría de la persona, que lo distingue como tal.

 

La generosidad es la llave que abre la puerta de la amistad, es una semilla que siembra el amor y puede ser la luz que nos saque del oscurantismo materialista dentro del cual, muchos de nosotros, estamos viviendo en la más negra de  las ignorancias.

 

Al reflexionar sobre esta virtud, encontramos que la vida del ser humano está llena de oportunidades para servir y hacer un bien al prójimo. Nos invita a pensar en los demás, sin hacer distinción de personas, intentando tratar a todos por igual. El generoso resuelve las situaciones que afectan a las personas en la medida de sus posibilidades y si no lo puede hacer, al menos busca los medios para facilitar esas soluciones.

 

Para crecer en generosidad, antes debemos de considerar y reflexionar un poco en nuestras actitudes: ¿Dejo de prestar ayuda por pereza, desagrado o apatía? ¿Me esfuerzo por superar la propia comodidad, tomando conciencia de la necesidad ajena? ¿Espero recibir ayuda, favores y servicios sin considerar el esfuerzo que los demás realizan?

 

Es importante que el generoso actúe desinteresadamente, de lo contrario, el acto perderá su valor al dejarse llevar por el interés o por la espera de una gratificación que no tiene por qué llegar.

 

Ser generoso es algo que muchas veces requerirá realizar un esfuerzo extraordinario. Para vivir mejor esta virtud en lo pequeño y cotidiano, es de gran utilidad poner en práctica algunas de las siguientes medidas: sonreír siempre, ser accesible en sus gustos personales, ceder la palabra, el paso o el lugar, cumplir con tus obligaciones a pesar del cansancio y siempre con optimismo, buscando el beneficio ajeno; usar sus habilidades y conocimientos para ayudar a los demás, atender a toda persona que busca su consejo o apoyo. Por más antipática o insignificante que le parezca, considere en usted a la persona adecuada para resolver su situación.

 

La práctica silenciosa de la generosidad, sin reflectores y sin anuncios en los medios sociales, es la única manera de que, no perdiendo su esencia, nos proporcione paz interior.

 

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Ing. Pedro Vinicio Donis

Profesor Titular de Ética Profesional.

Escuela Técnica Superior de Kinal.

 

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