102 Enero
2017

Rolando García El Abuelo

Edgar Rolando García Bobadilla nació en 1947. Inició su trayectoria a la corta edad de 8 años en el taller de sus abuelos, a donde todos los días lo llevaban para ayudar. Su abuelo fue uno de los primeros forjadores de ruedas de carretas y trabajaba las estructuras de las carrocerías de camiones y camionetas; ahí fue cuando Rolando obtuvo sus primeros conceptos sobre mecánica.

El 11 de octubre de 1965, a pocos meses de cumplir sus 18 años, Rolando empezó a trabajar en Cofiño Stahl, gracias a la influencia de su padre. Para esa época, la marca Toyota estaba ingresando a Cofiño. “El primer día, recuerdo que estuve con Antonio Hernández, un mecánico experimentado; él me dijo que la mecánica nunca se deja de aprender, es tan inmensa, que todos los días experimentamos y adquirimos nuevos conocimientos. Esa frase marcó la forma en que veía la mecánica y abrió mi imaginación a la tecnología, cuenta Rolando, quien se convirtió años más tarde en Gerente de Cofiño y fundador de la escudería Toyota. Su apodo “el Abuelo” surgió durante el famoso campeonato centroamericano llevado a cabo en Costa Rica, en el que Pedro Cofiño lo presentó como Rolando García “el Abuelo Racing”. Rolando estuvo en México en el rally Sierra Brava y en el rally Las 24 horas de México y en países de Centroamérica como Honduras, El Salvador y Guatemala, como integrante de Cofiño. Una de las carreras más controversiales de su trayectoria como mecánico fue la que se dio entre los campeones de El Salvador y los hermanos Cofiño de Guatemala; la competencia fue tan intensa, que no logró definirse por un solo punto. Se definiría en Guatemala, en donde Pedro sorprendió a Rolando pidiéndole que corriera en la GT 1,600, convirtiéndose en una carrera llena de agresividad y un espectáculo maravilloso en la pista; Pedro fue el campeón de la misma. Años más tarde, visitando a un amigo, Rolando encontró una revista en la que estaba la historia de esa competición deportiva indicando: “Guatemala ganó al estilo México –o gana o arrebata- poniendo al mecánico a correr para ganar puntos”, comenta Rolando con mucha emoción.

Rolando refiere que trabajó junto a un mecánico japonés bajo solicitud de Pedro durante todo un día; revisaron el carro e hizo exactamente lo que el mecánico le decía. Al probarlo en la pista, no sintieron mejoría, a excepción que el motor se escuchaba más fino. “Le dije a Pedro que iba a revisarlo y que no se preocupara; al terminar de arreglarlo, Pedro lo probó, ganando 39 segundos a favor de su tiempo récord. Pedro estaba que saltaba de la emoción y me dijo: -¿Cómo es posible que gasté diez mil dólares y no hubo resultados y vos en media hora lo has arreglado?”.

En el año 2002, Rolando ya no se encontraba trabajando en Cofiño pero tenía una buena relación con Pedro, quien lo invitó a su última carrera. El día de las pruebas, el motor se arruinó y sin duda, sería el Abuelo quien resolvería el problema. Sacamos el motor y pusimos el otro; me acerqué a Mony Farrach para pedirle algunas piezas y fui a trabajar. Al día siguiente, llegó una carta a mi casa -hasta la fecha la tengo guardada-, en la que Pedro me dice: “Abuelo, quiero agradecerte tus finas atenciones y no cabe duda que seguís siendo el número uno; eres mi gran amigo y quisiera que regresaras a trabajar conmigo”.

Durante un viaje de negocios a Estados Unidos en el 2007, viendo unos motores para Cofiño, recibió una llamada de Pedro pidiéndole que regresara a Guatemala porque no correría en la carrera que tenía al día siguiente, si él no se encontraba presente. Rolando le indicó que era casi imposible tomar un vuelo y regresar y recuerda algunas de las palabras que Pedro le dijo durante la llamada: “Te has dedicado solo a mi carro… mañana te llamo para contarte sobre la carrera y, ¿sabes una cosa?, te quiero como a un hermano. Le pregunté, por qué me decía eso, como si nos estuviéramos despidiendo… Fue la última vez que hablé con él”.

Después del funeral, viajó nuevamente a Estados Unidos inmerso en una gran depresión; fue un golpe duro que le hacía evocar toda una trayectoria de logros y alegrías. “Es difícil no ponerse triste; Pedro Cofiño fue mi guía en mi vida”. Después de ese trágico día, Rolando se retiró definitivamente de la mecánica, vendiendo todas sus herramientas. Pasó siete años sin tocar un motor y hasta hace dos años, arregló su carro por alguna inquietud. “Recibo invitaciones para trabajar con varios pilotos, pero no acepto”. Es la historia de un magnífico mecánico lleno de experiencia y conocimiento.

 

Diego Ovando

Corresponsal Motores & Más

corresponsal@motoresymas.com

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